Vivimos en una sociedad consumista, donde los principios y las escalas de valores se han ido alterando considerablemente y cada vez más le otorga un lugar más importante al tener, al poder, a la fama y el reconocimiento, dejando de lado aspecto fundamentales de la persona como son los valores trascendentales, que permiten ordenar la vida de manera satisfactoria.

Si entendemos por valor, como aquellos principios o prioridades que le dan sentido a la vida y que hacen posible trascender hasta llegar a construir algo valioso, es fundamental estar atentos y poner todo el cuidado en como construimos nuestra propia escala de valores.

Algunos ejemplos de los valores que deben hacer parte de la escala de un creyente son: Dios en primer lugar, de manera que sea Él quien ilumine toda nuestra realidad para priorizar nuestros demás valores, en el sentido práctico, amar a Dios es amar su Voluntad y su Voluntad es que todas las personales alcancemos la salvación eterna, a partir de ahí podrán ordenarse los demás valores, según lo que más convenga a la salvación de sus almas: familia, amigos, trabajo, ocio etc.

Los valores son definitivos a la hora de tomar una decisión, son quienes dan el sentido a mi elección. La coherencia entre mi escala de valores y mi actuar cotidiano, es el factor decisivo para alcanzar la felicidad que todos deseamos.

En una situación adversa o ante una dificultad, es necesario contar con unos valores sólidos para evitar caer en un abismo y poder buscar una solución adecuada.

En nuestro diario vivir, los valores deben traducirse en actos concretos y realizables, por lo tanto, deben tenerse en cuenta en nuestra agenda diaria, no deben ser solamente una idea. Básicamente, los valores son principios irrenunciables en la vida, lo que da sentido a la existencia.

Toda persona que tenga a Dios, en el primer lugar de su escala de valores, debe cuestionarse diariamente en su oración si su forma de actuar está de acuerdo con la voluntad de Dios y que espacio y tiempo ocupa El en su vida y en sus decisiones.

Veamos cómo se aplica en una situación cotidiana:

María es una madre soltera de 2 hijos pequeños, trabaja como Asesora de Ventas en un almacén de cadena durante las mañanas. Hace una semana, su jefe le propuso un Contrato de tiempo completo, lo que implica una salario básico y comisiones de ventas.

María, teniendo clara su escala de valores y habiendo razonado qué favorece el desarrollo integral de sus hijos y sobre todo habiendo discernido qué es más beneficioso para la salvación de sus almas en el presente; aunque le suena tentadora la propuesta decide rechazarla. Si bien esta propuesta de trabajo le facilitaría asumir mejor sus gastos y deudas, también implicaría descuidar en parte algunas funciones del ejercicio de su maternidad que vienen desarrollando y que considera fundamentales para que sus hijos crezcan fuertes emocional, física, pero sobre todo espiritualmente.

Ella teniendo en cuenta su escala de valores logra iluminar la toma de decisiones, decide mantener su trabajo con las condiciones actuales, que le permite cubrir sus necesidades con limitaciones, pero puede dedicar el tiempo que desea y ha discernido que es importante para al cuidado de sus hijos. Esta decisión le proporciona tranquilidad y paz pues ha sido coherente con lo que considera esencial para su vida y la de sus hijos.

¿Qué harías tú en su lugar? ¿Cuál es tu valor principal en tu escala? ¿Qué tiempo dedicas a ese valor?